Estaba sentado con mis piernas cruzadas acordándome de ti, las espinas de mi cola clavadas con ira en ese suelo de tablas sueltas. No recuerdo como empecé a recordar tu aroma de esas tardes calurosas en que me enseñaste una nueva expresión, una nueva imagen. Me decías que todo era muy sencillo, que tenía las capacidades y que solo me faltaba la confianza. La imagen volvió como si la estubese viviendo de nuevo y en ese instante en que me ayudaste, tu olor me reveló que fumabas y mucho...
Como buen perro amaestrado todas las noches soñé contigo, con tus ojos mirando al otro, me aguante todas esos agrios sueños con la esperanza de pertenecerte, te soñé ofreciéndote mis horas, me acostaba temprano solo para imaginarte, mi corazón me pedía a gritos revivirte y solo eso calmaba mis ansias de que llegará la nueva tarde.
Ya no pude mas y me comenzó a incomodar la posición en que estaba sentado en mi pieza meditandote, mi cuerpo estaba muy pesado y dí un paso para olvidar ese aroma que me hacía delirar, prendí un incienso y me tendí a reposar...
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